El Sindicato que se sentó a la mesa del patrón: La agonía del SUNTUAS y el clamor por una nueva trinchera
Hubo un tiempo en que la palabra “sindicato” hacía temblar los cimientos de las oficinas burocráticas. Eran años de rabia legítima, de sudor acumulado y de una convicción inquebrantable: el trabajador era el motor y su organización, el escudo. En la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), esa herencia se forjó en las batallas de los años 70 y 80, cuando el espíritu del Liceo Rosales se transformó en una autonomía que no solo era administrativa, sino de pensamiento y lucha.
Hoy, sin embargo, el eco de los megáfonos ha sido sustituido por el silencio alfombrado de las oficinas. El Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa (SUNTUAS), en otro tiempo era vanguardia de la defensa obrera, parece haber canjeado las pancartas por el lenguaje técnico de la derrota. Ya no son el contrapeso del poder; son el sello que legitima el despojo.
La domesticación de la lucha
El capital y el poder institucional aprendieron una lección valiosa: si no puedes destruir la organización obrera, infiltra su cúpula. El sindicalismo que incendiaba calles hoy gestiona despidos y firma convenios a la baja bajo el eufemismo de la “madurez política”. Lo que hoy vivimos en la UAS no es negociación, es la administración de la precariedad.
Mientras los trabajadores enfrentan jornadas más largas y salarios que se evaporan, sus dirigentes ostentan autos oficiales y privilegios, almorzando con los mismos actores que diseñan el ajuste. Se ha pasado del cuerpo colectivo al membrete institucional. El sindicato ya no es una fuerza de choque; es una sucursal del poder que convierte la protesta en un trámite autorizado y la huelga en un ritual vacío.
La “Reingeniería”: El aval de la traición
La prueba más fehaciente de esta metamorfosis es la llamada “Reingeniería”. Bajo este concepto administrativo, la dirigencia sindical ha dado su aval para cercenar el patrimonio de los trabajadores. El recorte a las prestaciones, el golpe a la prima vacacional de los jubilados —quienes entregaron su vida a la institución— y la disminución del aguinaldo no son errores de cálculo; son decisiones políticas firmadas con tinta sindical.
A esto se suma la violación sistemática del Contrato Colectivo de Trabajo. La asignación masiva y discrecional de tiempos completos se ha convertido en una moneda de cambio política, ignorando los derechos de profesores con décadas de antigüedad que esperan una promoción que nunca llega porque no pertenecen al círculo de lealtades de la cúpula.
“La traición más silenciosa no viene del patrón; viene de quien juró defenderte.”
El imperativo de una nueva alternativa
La realidad es contundente: el SUNTUAS ha perdido su independencia y se ha transformado en una tapadera de la corrupción y el autoritarismo. La comunidad universitaria se encuentra hoy en la orfandad representativa. Ante este escenario, la pregunta ya no es si el sindicato actual puede cambiar, sino cuánto tiempo más permitirá el trabajador ser rehén de una estructura que lo vende.
La Ley es clara: el Contrato Colectivo pertenece a la mayoría. La creación de un nuevo sindicato en la UAS no es solo una posibilidad legal —cuyos requisitos son sencillos y solo requieren voluntad—, sino una necesidad ética. Un nuevo organismo representativo permitiría:
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Recuperar la transparencia en la asignación de plazas y promociones.
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Defender las conquistas históricas (aguinaldos y primas) hoy entregadas en la mesa de negociación.
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Romper el miedo de quienes hoy callan por temor a represalias de una dirigencia que actúa como capataz.
Conclusión: El fin de la complicidad
La UAS está a las puertas de una reforma integral a su Ley Orgánica. Es el momento de la liberación. El trabajador universitario debe entender que el capital fue inteligente al comprar el grito y financiar la obediencia de sus líderes, pero el poder sigue residiendo en las bases.
Si el sindicato actual no incomoda al poder, sino que lo acompaña; si no defiende, sino que administra la derrota, entonces ya no es un sindicato: es un grillete. La dignidad no se firma en un escritorio de lujo; se defiende en la calle y en la asamblea. La historia de la UAS demanda una renovación que devuelva el megáfono a quien trabaja y la vergüenza a quien traiciona. Es hora de construir una nueva trinchera.
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