¡BRAVO! LA UAS REINVENTA LAS MATEMÁTICAS: Logran que “aumentar” signifique “disminuir” en un alarde de reingeniería financiera inversa
CULIACÁN, SIN. – En un golpe de genialidad que dejó atónita a la comunidad académica mundial, los cerebros financieros de la Universidad Autónoma de Sinaloa han resuelto el secular problema de la inflación. Su solución: una reingeniería tan avanzada que hace que los aumentos salariales se esfumen… literalmente, del bolsillo del trabajador. El Rector, Dr. Jesús Madueña Molina, y su equipo de “expertos” con currículums que pesan más que su sentido común, merecen una ovación de pie. O, al menos, una auditoría.
La “magia” del umbral mágico: cruzar los $10,000 es auto-castigarse
¡Abran paso, Newton y Einstein! La UAS ha descubierto una nueva fuerza universal: la Gravedad Financiera Inversa. Cuanto más sube tu salario, más pesado es el descuento que te hunde. El truco es de una elegancia digna de un ilusionista de casino:
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Premisa encantadora: “Te damos un 4% de aumento”. ¡Qué gesto, qué generosidad!
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Trampa de primaria perfectamente calculada: Si ese aumento te lleva por encima de los $10,000 brutos, ¡PUM! Activaste la trampilla. El descuento para el “fideicomiso de la liquidez” (nombre irónico donde los haya) salta del 10% al 15%.
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El gran desenlace (para el trabajador): Tras la fanfarria del aumento, abres tu estado de cuenta y… tienes menos dinero que la quincena anterior. ¡he aquí! El dinero no se crea ni se destruye, solo se transfiere del bolsillo del empleado al fondo opaco de la universidad.
Un ejemplo de su brillantez aritmética:
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Salario antiguo: $9,752 pesos. Descuento (10%): $976. Líquido a cobrar: $8,776.
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Salario “mejorado” (con 4% de aumento): $10,142 pesos. Descuento (15%): $1,521. Líquido a cobrar: $8,621.
¡Felicidades, trabajador! Tu “progreso” te ha costado exactamente $155 pesos mensuales. Una lección práctica y dolorosa sobre los riesgos de ganar más. ¿Quién necesita un MBA cuando la UAS te da estas masterclasses en contabilidad creativa?
¿Doctorados en… ignorancia selectiva?
Lo más admirable es el audaz descaro intelectual del operativo. Uno pensaría que entre tantos doctores, alguien hubiera corrido una simulación en Excel. Pero no. O quizás sí, y el resultado fue tan perfectamente conveniente para las arcas institucionales que decidieron implementarlo con una sonrisa.
Es un sistema tan astutamente malévolo o tan catastróficamente incompetente que es difícil decidir cuál opción es más insultante. ¿Error? Imposible. Con tanto título en el escritorio, un error así sería como confundir un yeso con un queso. Estrategia es la palabra que resuena.
El fideicomiso: El agujero negro de los salarios
Y adivinen a dónde va ese 5% extra que se descuenta. A un fideicomiso, ese concepto financiero tan etéreo y reconfortante como un hoyo en el agua. Un lugar del que, como bien saben los universitarios, el dinero entra con la facilidad de una carta al buzón, pero del que vuelve con la dificultad de una misión espacial a Marte. La reingeniería, en el fondo, es un impuesto al mérito, un peaje por atreverse a ascender.
Conclusión para premiados con el Nobel de la Absurdez
En la UAS de Madueña Molina han logrado lo impensable: que “subir” signifique “bajar”. Han creado un universo paralelo donde las leyes básicas de la economía y la justicia laboral se suspenden en nombre de una “eficiencia” que solo eficienta el vaciado de los salarios.
Si este es el fruto de tener a los “mejores y más preparados”, quizá es hora de un curso remedial. No de doctorado, sino de aritmética básica y ética elemental. Porque sus cuentas, señores administradores, sí cuadran perfectamente. Solo que cuadran en una columna llamada “Austeridad para el de abajo” y otra llamada “Fondos Discrecionales para la institución”. Un verdadero hito en la ingeniería… financiera, social y del absurdo.
Nota al pie: Se sugiere a los trabajadores que, por su bien, pidan quedarse eternamente por debajo de los $10,000 pesos. En la UAS, la mediocridad salarial es, al parecer, la única vía hacia la estabilidad económica. ¡Enhorabuena!

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