El plan maestro de la UAS: Perder en los tribunales, pero ganar con el miedo de los que no demandan
Por: Gabriel Olivas
La Administración Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa lo sabe. Sus abogados lo saben. Los actuarios lo saben. No hace falta ser un experto constitucionalista para entender que las demandas laborales y los amparos contra los descuentos de la “Reingeniería” van a ser ganados por los trabajadores y jubilados. La ley es clara: el salario es sagrado y los descuentos indebidos no tienen sustento jurídico.
Sin embargo, detrás de la aparente terquedad de la Rectoría, se esconde una estrategia financiera perversa: la administración sabe perfectamente que la justicia protegerá a quien la busque, pero también sabe que habrá cientos, quizá miles, de trabajadores y jubilados que no demandarán.
La “Caja Chica” Vitalicia
El cálculo es puramente matemático. Para la UAS, perder las demandas de un grupo digno de trabajadores es un “costo tolerable” siempre y cuando la mayoría se quede callada.
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Los que ganen el amparo recuperarán su dinero.
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Pero los que no demanden se convertirán en aportadores vitalicios del llamado “Fideicomiso” y la “Liquidez Financiera”.
Ese 20% que le quitan al jubilado y el porcentaje que le arrebatan al activo que no protesta, no es un ahorro; es flujo de efectivo inmediato. Es, en palabras llanas, la caja chica de la institución para pagar los platos rotos de una gestión que hoy se encuentra bajo la lupa de la justicia.
Los rectores se van, los descuentos se quedan
Aquí radica la advertencia más cruda para la comunidad universitaria: los puestos de poder son pasajeros. Los Rectores, los directores y los jefes de departamento hoy están, pero mañana serán solo un recuerdo (o un expediente judicial). En un futuro no muy lejano, ellos ya no estarán dentro de la universidad, habrán cumplido su ciclo y se irán a sus casas.
Sin embargo, para el trabajador que decidió no demandar por “lealtad” a un jefe o por miedo a una administración pasajera, el castigo será permanente.
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El jefe que te pidió “apoyo” ya no estará para protegerte.
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Pero el descuento en tu talón de cheque seguirá ahí, mes tras mes, año tras año.
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Habrás financiado una “Reingeniería” que ya no existe, para una administración que ya se fue.
Conclusión: El silencio es una herencia de pobreza
La administración de la UAS está jugando al desgaste. Ellos cuentan con tu miedo, con tu desidia y con tu creencia de que “no pasará nada”. Pero la realidad es que, al no demandar, estás firmando un contrato de donación de por vida.
Ganar la demanda es la única forma de evitar que tu patrimonio sea el combustible de una maquinaria administrativa que te usa como bastón mientras le conviene, pero que te desechará en cuanto dejes de ser útil. Los funcionarios pasan, pero la pérdida de tu salario será para siempre si no actúas hoy.
“En la UAS, el hambre no es física, es de dignidad.”
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