usticia y Transparencia para el trabajador universitario.
UAS: Cuando el bolsillo vacío rompe las cadenas del miedo.
UAS: Cuando el bolsillo vacío rompe las cadenas del miedo.

UAS: Cuando el bolsillo vacío rompe las cadenas del miedo.

Crisis en la UAS: Crónica de una insolvencia anunciada y el colapso del blindaje sindical

Por: Gabriel Olivas

La Universidad Autónoma de Sinaloa atraviesa hoy una de las crisis financieras y operativas más agudas de su historia reciente. No se trata únicamente de un retraso administrativo; estamos ante la materialización de riesgos financieros que fueron advertidos y, peor aún, consentidos por quienes debían proteger el patrimonio de los trabajadores.

A cuatro días del impago de la quincena, el panorama es desolador: docentes y administrativos sin recursos para el combustible, familias imposibilitadas para costear el transporte escolar de sus hijos y una creciente acumulación de intereses moratorios en instituciones bancarias que no perdonan el retraso.


La anatomía del desfalco: De la “Reingeniería” al fideicomiso

Desde una perspectiva técnica, la situación actual no es fortuita. Es el resultado de una tríada de factores que han asfixiado la liquidez de la institución:

  1. Gestión bajo sospecha: El rector Jesús Madueña Molina enfrenta carpetas de investigación por ejercicio indebido del servicio público. La opacidad en el manejo de los recursos ha minado la confianza de los entes fiscalizadores, dificultando el flujo de recursos extraordinarios.

  2. La “Reingeniería” como caballo de troya: Bajo el eufemismo de “reingeniería financiera”, se implementó un esquema que cercenó sueldos y prestaciones. Lo más alarmante fue la creación de un fideicomiso que extrae recursos directamente del salario de activos y jubilados para buscar una “liquidez” que, a la vista de los hechos, es inexistente.

  3. El rol del sindicato: En lugar de actuar como un contrapeso, la dirigencia sindical ha fungido como un apéndice de la rectoría. La validación de encuestas tendenciosas para legitimar la pérdida de derechos adquiridos es una falta grave a la ética gremial.

¿Qué sigue para el trabajador de la UAS?

La pregunta que el personal académico y administrativo debe hacerse hoy no es cuándo pagarán esta quincena, sino cuántas quincenas más están dispuestos a perder.

Desde el análisis financiero y sindical, las opciones se reducen a dos caminos:

  • Continuismo y pasividad: Seguir bajo la tutela de un sindicato que entrega prestaciones a cambio de favores políticos, aceptando que la incertidumbre de pago sea la “nueva normalidad”.

  • Unificación de la lucha: Romper el cerco informativo y unirse a los grupos que ya tienen camino recorrido en la defensa legal y social de los derechos laborales. La presión debe dejar de ser interna y transformarse en una demanda de transparencia total sobre el uso de los fondos del fideicomiso y la salida de quienes han priorizado la defensa jurídica de funcionarios por encima del salario de los trabajadores.

La realidad es cruda: La gasolina no se compra con promesas, y los intereses bancarios no se detienen por “solidaridad institucional”. Es momento de que los activos reconozcan que los jubilados tenían razón: la UAS ha sido financieramente vulnerada desde adentro, y el rescate no vendrá de los mismos que provocaron el naufragio.

1. El engaño de la reingeniería: ¿Optimización o confiscación?

La llamada reingeniería financiera implementada por la administración de Jesús Madueña Molina no ha sido más que un esquema de transferencia de costos del patrón hacia el empleado. Desde una óptica financiera, esto se traduce en tres golpes directos al patrimonio del trabajador:

  • El fideicomiso opaco: Se obligó a los trabajadores activos a aportar un porcentaje de su sueldo a un fideicomiso bajo la promesa de garantizar pensiones futuras. Sin embargo, en finanzas, un fideicomiso sin reglas de transparencia claras y sin rendición de cuentas pública es, en la práctica, una “caja chica” para la administración.

  • Aportaciones de jubilados: Es un caso inaudito en el derecho laboral mexicano. A quienes ya entregaron su vida laboral y tienen un derecho adquirido, se les aplica un descuento para generar “liquidez financiera”. Esto es financieramente inviable y legalmente cuestionable, pues el salario de los jubilados es irrenunciable.

  • Cercenación de prestaciones: La reingeniería eliminó bonos y complementos que históricamente compensaban los salarios base bajos. Al quitar estas prestaciones, el poder adquisitivo del universitario cayó drásticamente antes de que llegara el impago actual.

  • Ataque a Jubilados y Aguinaldos: La reingeniería pretende arrebatar la prima vacacional a los jubilados y reducir los días de aguinaldo para todos los trabajadores, un derecho que es producto de décadas de lucha sindical.

2. Deuda sobre deuda: El incumplimiento patronal

La crisis no empezó con esta quincena. La universidad arrastra una cadena de impagos que demuestran una administración en quiebra técnica o moral:

  • Primas Vacacionales 2025: No se han liquidado.

  • Primas de Jubilación y Becas al Desempeño: Pendientes, afectando la excelencia académica y el retiro digno.

  • Retenciones no Enteradas: El trabajador ve el descuento en su recibo, pero la UAS no ha pagado al IMSS, FONACOT e INFONAVIT. Esto es gravísimo: el trabajador se queda sin servicio médico, sin posibilidad de crédito y con intereses moratorios en sus préstamos personales, mientras la institución retiene ese dinero indebidamente.

3. El búnker de la opacidad y los “Aviadores”

¿Por qué no hay dinero? La respuesta está en los libros que la UAS se niega a abrir. A pesar de las exigencias de jubilados, activos y alumnos hacia el Gobierno, se ha mantenido un velo de impunidad sobre dos puntos críticos:

  • Resistencia a las Auditorías: La universidad ha bloqueado cualquier intento de fiscalización externa, usando la autonomía como escudo para ocultar el manejo de sus finanzas.

  • La Nómina de los “Aviadores”: Mientras los trabajadores reales no tienen para el transporte o para llevar a sus hijos a la escuela, la UAS mantiene una estructura masiva de personas que cobran sin trabajar. Estos “aviadores” y puestos políticos son el parásito que consume el presupuesto que debería ser para quienes sí cumplen con su labor diaria.

4. El despertar de la base: Entre la necesidad y la resignación

Es irónico, pero previsible, que la movilización masiva de los trabajadores activos surja hasta que el bolsillo queda vacío. Durante meses, las advertencias de la Asociación de Jubilados de la UAS A.C. y el Frente de Defensa de los Derechos Laborales, algunos trabajadores Activos y hasta Estudiantes, fueron desestimadas o vistas con indiferencia por una mayoría que confiaba en que “el sistema” no colapsaría.

Hoy, el trabajador que no puede llegar a su centro de trabajo comprende que la lucha de los jubilados —quienes desde julio de 2025 sostienen la resistencia— no era un asunto de “viejos inconformes”, sino la defensa del último bastión de estabilidad laboral de la universidad.

“La complicidad del sindicato con el patrón no solo es una traición política, es un desastre financiero que hoy pagan las familias de los universitarios con intereses bancarios y carencias básicas.”


Llamado a la acción

La pregunta para los trabajadores activos que hoy protestan es obligatoria: ¿Van a seguir permitiendo que un sindicato entreguista y una rectoría bajo investigación decidan el futuro de sus hijos?

La solución no es solo que paguen esta quincena. El problema de fondo no se resolverá sin:

  1. Auditoría Externa Inmediata para limpiar la nómina de aviadores.

  2. Cancelación de la Reingeniería que confisca salarios y aguinaldos.

  3. Transparencia Total en los pagos al IMSS, INFONAVIT y FONACOT.

El grupo que lucha desde julio de 2025 ya trazó el camino. La unidad entre activos y jubilados es la única fuerza capaz de frenar este despojo.

La trampa de la “encuesta”

El sindicato legitimó este proceso mediante una encuesta que careció de rigor estadístico y legal. Financieramente, se vendió la idea de que “si no aceptaban la reingeniería, la universidad quebraría”. La realidad es que, aun con la reingeniería aplicada y los sueldos recortados, la universidad ha caído en el impago. Esto demuestra que el problema no era el costo de la nómina, sino la administración de los ingresos y el desvío de prioridades hacia la defensa legal de los directivos.

Nota Crítica: Una reingeniería real busca optimizar procesos y reducir gastos superfluos (como viáticos, publicidad institucional excesiva o sueldos de la alta burocracia). En la UAS, la “reingeniería” solo optimizó la forma de quitarle dinero al trabajador para tapar baches financieros provocados por la mala gestión.

El cáncer de los “aviadores” y la nómina inflada

Mientras los trabajadores reales no tienen para la gasolina, la nómina de la universidad sostiene a una estructura paralela de “aviadores”: personas que cobran salarios de niveles académicos o administrativos altos sin presentarse a laborar.

  • Drenaje de Recursos: Estos puestos políticos y clientelares consumen el presupuesto que debería garantizar el pago puntual de quienes sí están frente a grupo o en las oficinas.

  • Corrupción del Escalafón: El sindicato, lejos de denunciarlo, ha sido el facilitador para que estos perfiles ocupen plazas, desplazando a académicos y administrativos con méritos reales.

El silencio del gobierno: ¿indiferencia o complicidad?

Jubilados, activos conscientes y el sector estudiantil han llevado esta exigencia hasta las puertas del Palacio de Gobierno y del Congreso. La demanda es clara: “Auditoría Total a la UAS”.

Sin embargo, el eco ha sido nulo. A pesar de las pruebas de mal manejo financiero y las carpetas de investigación abiertas, parece haber un pacto de omisión que permite que la crisis se prolongue. Al no auditar, el gobierno permite que la universidad siga operando como una “caja negra” donde el dinero entra, pero se dispersa en el camino antes de llegar a los bolsillos de los trabajadores.

“No se puede hablar de crisis financiera cuando te niegas a abrir los libros contables. Si la UAS no permite una auditoría, es porque el desorden en la nómina —llena de aviadores y favores políticos— es lo que realmente impide que hoy se pague la quincena.”


El momento de la verdad

La reingeniería fue el golpe de gracia, y la falta de auditorías es la manta que cubre el engaño. El trabajador activo debe entender que su falta de pago hoy es el costo de mantener a una élite que no trabaja, protegida por un sindicato que no representa.

La pregunta para los grupos de activos que hoy despiertan ante la necesidad es: ¿Van a seguir exigiendo solo el pago de esta quincena, o se unirán a los jubilados para exigir que se limpie la casa y se expulse a los aviadores que se están comiendo su salario?

¿Qué van a hacer ahora que las cosas se complicaron? La invitación es a dejar atrás el miedo y la apatía. Es momento de reconocer que los jubilados y el Frente de Defensa no luchaban por intereses particulares, sino por la supervivencia de la dignidad laboral de todos. Únanse a quienes ya están en la trinchera. No esperen a que la próxima “reingeniería” les quite lo poco que les queda.

La fuerza de la UAS no está en sus oficinas de rectoría, sino en sus aulas, en sus laboratorios y en el personal que la mantiene viva. Abran los ojos: la unión con el bloque histórico de resistencia no es solo una opción política, es hoy una necesidad de supervivencia familiar.

Un llamado al corazón: Lo que estamos perdiendo en el camino

Más allá de los números, de las auditorías y de los términos legales, esta crisis tiene rostros que no merecen el sacrificio que se les está imponiendo.

Miren a sus hijos. Ellos no entienden de “reingenierías” ni de pleitos políticos, pero sí sienten la angustia en casa cuando ven que el dinero no alcanza para lo básico, cuando el transporte escolar se vuelve una incertidumbre o cuando sus padres, que deberían ser su ejemplo de estabilidad y justicia, regresan derrotados por un sistema que los utiliza y luego los desampara. Al permitir que les arrebaten sus derechos, están permitiendo que les arrebaten el futuro y la seguridad a esos niños que hoy los observan.

Y miren a nuestros viejitos. Esos jubilados que hoy ven en las calles, con sus pancartas y sus voces cansadas pero firmes, son los mismos que construyeron la universidad que hoy nos da de comer. Es profundamente doloroso y moralmente inaceptable que, en la etapa donde deberían gozar de paz, tengan que salir a defender su prima vacacional y su sustento porque quienes dirigen la UAS decidieron que sus vidas eran “ajustables” en una hoja de cálculo. Ellos están luchando la batalla que a los activos les toca por herencia y por gratitud.

No es solo una quincena lo que está en juego; es la dignidad de nuestros ancianos y la esperanza de nuestros hijos. Cada día de silencio es un golpe a la mesa de los jubilados y un techo menos seguro para las nuevas generaciones.

Ya es momento de despertar. No lo hagan solo por ustedes; háganlo por la memoria de quienes entregaron su vida a la UAS y por los ojos de sus hijos, que hoy esperan ver en ustedes la valentía de defender lo que es justo. La lucha no es contra la Universidad, es por la Universidad, para que vuelva a ser de los trabajadores y no de quienes la saquean.

El juicio de la historia: ¿Qué ejemplo le darás a tus hijos?

Al final del día, cuando el ruido de las protestas se apague y la crisis se asiente, quedará una pregunta que no se responde en la nómina, sino en la mesa de tu hogar, frente a los ojos de quienes más te importan: ¿Qué ejemplo les estás dando a tus hijos?

Hoy, el silencio y la pasividad no son neutrales; son una elección. Les estás enseñando que ante la opresión se agacha la cabeza, que ante el robo de tu propio esfuerzo es mejor callar por miedo, y que la dignidad tiene precio cuando el patrón la solicita. ¿Es ese el legado que quieres para ellos? ¿Un futuro donde acepten que se les arrebate el fruto de su trabajo a cambio de promesas vacías?

No hay punto medio. O estás del lado del patrón que te oprime, que te quita el aguinaldo, que jinetea tus cuotas del IMSS e INFONAVIT y que protege a “aviadores” mientras tú no tienes para la gasolina; o estás del lado de la razón, de la justicia y de la dignidad de quienes —jubilados y activos valientes— hoy ponen el cuerpo para defender lo que por ley te pertenece.

Nuestros viejitos, esos jubilados que hoy resisten en la calle, te están enseñando que la dignidad no se negocia, ni siquiera al final de la vida. Ellos están luchando la batalla que te corresponde a ti. No permitas que tus hijos crezcan viendo a un padre o una madre que se rindió ante quienes saquearon su futuro.

Abre los ojos. Únete a la realidad y a la lucha. Porque el dinero va y viene, pero la vergüenza de haber sido cómplice del despojo de tu propia familia, esa no se quita con ninguna quincena. Es momento de elegir: el bando del opresor o el bando de la dignidad.

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